Tatiana Labrador

Haz de tu casa un lugar especial

 

Los jardines japoneses (I parte)

 

Los jardines son muy importantes en la cultura japonesa por la especial importancia que se da en ella al contacto del hombre con la naturaleza. Éste no es considerado en cuanto al individuo, sino como una parte más del cosmos primordial, pensamiento muy alejado de la visión occidental. Es por ello que los jardines se conciben como un elemento integrante de de la arquitectura a la que se asocian por completo.

La función del jardín en Japón no es, por tanto, ornamental, aunque la búsqueda de la armonía y la belleza está muy presente en ellos, ni tampoco de recreo. Pretenden crear un espacio natural fingido en el que practicar la contemplación y alcanzar por éste medio la verdad profunda del universo.

Los jardines japoneses producen la impresión de una naturaleza domesticada y controlada en la que, a pesar de las apariencias, existe un gran artificio. Se conservan varios tratados que describen los elementos de su construcción y la forma de disponerlos, el más antiguo e importante el Sakutei-ki (libro secreto de los jardines), fue escrito en el siglo XII. 

 La influencia china también es evidente en su desarrollo que empezó a partir de la época Heian (794-1185). Su disposición se basa en los principios del Feng Shui y su concepción tiene una relación profunda con el budismo introducido en Japón en el s. VI d. C., así como el culto shinto, de raíces propias, que venera a los árboles, las piedras y las aguas donde moran los espíritus kami. Los dos elementos fundamentales son las piedras-rocas y el agua como se refleja en el propio nombre con el que se alude al jardín, sansui, que literalmente significa “montañas y agua” y que responde a los principios del Yin y el Yang.

Como apuntábamos anteriormente la lectura geográfica y topográfica de estos jardines es compleja ya que se entienden como un microcosmos cerrado. El estanque, en último término, representa el gran vacío donde se tejen los vínculos entre los distintos elementos del universo representados por esas rocas-islas. No obstante, éstas suelen relacionarse simbólicamente con las tierras míticas como el Paraíso de Amida, las Islas de la vida eterna, o parajes reales como el Mar Interior de Seto situado entre las islas de Honhu, Shikoku y Kyushu.

Las rocas o piedras son el elementos base de cualquier jardín japonés ya sea verde o seco. Las más usadas son las de origen volcánico, sobre todo el basalto. Son el primer elemento que debe colocarse. Se comienza situando las grandes y luego las pequeñas “como abandonadas” porque la belleza se encuentra en lo imperfecto e inacabado. En el Sakutei-ki se establece una rígida codificación sobre el modo de escoger las piedras, su traslado y disposición en el jardín considerando los diferentes puntos de vista. Para dar impresión de solidez se entierran hasta más de la mitad y se busca que sean cubiertas de musgo rápidamente. Debe evitarse cualquier tipo de manipulación que transforme su forma e incluso colocarse en el sentido en el que fueron encontradas, so pena de convertirse en una fuente de males para los habitantes de la casa.

 La vegetación está igualmente estudiada. Predominan las plantas sin flores y los musgos de distintas intensidades. En la elección se tiene en cuenta las diferentes esencias de los árboles y su follaje para dar la impresión de armonía, respeto, pureza y tranquilidad. Se utilizan mucho el pino negro japonés, árbol de hoja perenne que simboliza la eternidad, y el arce que, por el contrario, obedece al concepto de cambio, ya que las diferente tonalidades de sus hojas en otoño sirven como estímulo a la meditación. Para alcanzar una mayor armonía cada estación debe estar representada por diferentes plantas. Así en invierno, junto a los pinos, florecen las camelias y el ciruelo cuyas flores son las primeras del año; en primavera harán otro tanto las flores de los cerezos, azaleas y lirios. En  verano priman las hortensias, plantas acuáticas y azucenas y en otoño césped, campánulas y crisantemos. También se plantan árboles de pequeño tamaño (Komatsu) que representan la eterna juventud, ya que cuando empiezan a envejecer se cambian por otros. Los objetos hechos por el hombre son muy escasos y aparecen manchados de musgo y con aspecto envejecido para hacer creer que están allí desde siempre. Se trata de algunas linternas de piedra o pequeñas pilas con una cuchara de caña larga para la purificación, así como los puentes que llevan a las islas. 

 

 

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